Los empresarios son importantes

por Javier Ávila

Los empresarios son importantes, mucho, para este Gobierno y la jefatura del Estado. Tanto el rey como el presidente (Rajoy, Zapatero, Aznar o González) y los ministros de Economía se reúnen asiduamente con empresarios y sus organizaciones para hablar de cómo se puede mejorar la economía (su economía). Estas reuniones, en forma de evento público multitudinario, suelen dar como fruto una reforma laboral o fiscal que mejora la situación empresarial. Pero tanta felicidad es imposible repartirla para todo el mundo. Así que alguien sale perjudicado de estas reuniones: trasbajadoras y trabajadores asalariados, pensionistas, contribuyentes y la mayoría de autónomas y autónomos.

Por contra, las reuniones con trabajadoras y trabajadores son más escasas y, siendo la mayoría de la población española, sólo son invitados los líderes de las dos principales fuerzas sindicales. Curiosamente, el fruto de estas reuniones es el mismo: reformas laborales o fiscales que benefician a los empresarios y perjudican a esas trabajadoras y trabajadores.

Podemos colegir de estas actitudes que las cúpulas sindicales no son eficaces en su papel de representación de su afiliación y que, tanto gobiernos como casa real se decantan por su, indisimulable, atracción por la clase empresarial (a la que muchos pertenecen, incluido el rey).

Quizás debiéramos recordar las palabras de Marx, que en 1878 afirmaba que la producción y acumulación de capital es posible sólo porque el trabajo añade un valor a las materias que se convierten en producto; un valor que no es recompensado en su justa medida, escatimando, el empresario, una parte, que pasa a engrosar sus bolsillos deshonestamente. Parece muy claro que actualmente la situación no es muy diferente, salvo que las y los trabajadores no son conscientes de ello. ¿Podrán despertar antes de que la miseria (intelectual y material) les aprisione? ¿Servirá esta abdicación forzada y chapucera para ello? 

Si algo está claro es que un sistema capitalista sin trabajadoras ni trabajadores (que a la vez son consumidores) no puede funcionar nunca. Siendo tan importantes, más que los empresarios, ¿el nuevo rey actuará a favor del pueblo y no de sus amistades políticas y empresariales neoliberales? Todo indica que no.

Es este uno de los motivos que hacen necesario un proceso constituyente que elimine la rémora medieval de la monarquía (la palabra parlamentaria no le resta tinte irracional y caciquil al término), que permita sustituir una parte importante de la vieja política enquistada en las instituciones y los sobresueldos y que regule un nuevo sistema de convivencia económica y política entre los distintos pueblos de España.