Capitalismo: mitos o mentiras

por Javier Ávila

 

Son demasiados los mitos que han inducido a muchos humanos a creer en el capitalismo como un dogma infalible, un proceso parecido a la expansión del cristianismo por occidente pero, a diferencia de este, no lo hizo predicando con el ejemplo, sino con la mentira.

 

Uno de los axiomas capitalistas por antonomasia, es que está basado en la competencia, es decir, en la libertad total de todos los individuos para establecer relaciones comerciales entre ellos. Pero esta filosofía enmascara que no todos las personas partimos de la misma posición económica, lo que, a la postre, conduce a que los más fuertes (unos pocos) se hagan con el control de la economía y de la sociedad. El resultado inevitable del capitalismo es el monopolio, no la competencia.

 

Otro de los mitos, el que conduce a buena parte de la población a creer en el capitalismo, es la posibilidad, cierta pero tan remota como la de hacerse millonario con un numero de lotería, de ascender en la férrea estructura social por méritos propios. Precisamente el control que ejerce la clase privilegiada para que esto no ocurra es necesario para mantener su nivel de bienestar muy por encima del común.

Un tercer mito es el crecimiento económico. El Capitalismo requiere un crecimiento económico constante para aumentar la riqueza y mantener la paz social. El acaparamiento de la riqueza por parte de una minoría (una verdadera casta económico-social) requiere de creación de riqueza para repartir entre el resto creciente de población. Requiere un crecimiento constante de materias primas necesarias para producir bienes de consumo o productos energéticos. Es, de nacimiento, un sistema insostenible a largo plazo.

 

Un mito muy extendido es el de que el crédito es necesario para mantener la actividad económica. Realmente es necesario para crear la sensación de abundancia y el crecimiento (ficticio) de la economía. El crédito es un modo aparentemente fácil de conseguir una mayor riqueza en un corto periodo de tiempo. Sin embargo, ese crédito debe ser devuelto con posterioridad y con intereses (que se pagan en mayor proporción al principio). Es decir, un crédito implica el uso de una riqueza que debe ser devuelta con las impredecibles rentas futuras, por lo que implica un enriquecimiento presente y un empobrecimiento futuro. Por este motivo no es percibido por los ciudadanos, que tienen propensión a pensar en el presente y obviar el futuro. A ello ayuda la publicidad capitalista que crea la conciencia injustificable de que el futuro siempre será mejor.

 

Una forma de obtener recursos son las acciones y el resto de mercados secundarios que se negocian en competencia. También es falso ya que unos pocos inversores internacionales influyen en ellos de modo decisivo. Los mercados secundarios son como un saco que se va llenando de dinero. Cada cierto tiempo los “mercados” meten la mano y se llevan un buen pellizco. Cuando haya que repartir, muchos pequeños ahorradores lo habrán perdido. Es un sistema bellaco de financiación: unas personas ganan dinero a costa de que otros lo pierden, sin esfuerzo productor alguno: es la especulación. Es un principio amoral, más propio de los casinos que de creación de riqueza estable y equitativa. ¡Y es la filosofía esencial del Capitalismo!

 

Pero el mayor y más mentiroso de los mitos es que el Estado entorpece el crecimiento de la economía y la justicia social. El Estado debe disminuirse para que toda la riqueza disponible esté en manos de los particulares que, según esta práctica son los verdaderos creadores de riqueza. Sin embargo, todas las grandes fortunas se han hecho al amparo de las Administraciones Públicas, bien robando directamente de las arcas públicas (en sus diferentes técnicas), bien usando un cargo público para crear redes corruptas de influencia, o bien usando ambos métodos simultáneamente. Queda claro que si se hubiera utilizado el Estado para procurar el bienestar social y no el individual de los privilegiados, tendríamos una sociedad más justa y equilibrada. Por tanto el Estado no es un problema si no su uso interesado.

 

La privatización de los bienes públicos (primero fueron los montes y campos comunales y ahora las empresas creadas con el dinero de todos los españoles) ha supuesto una serie de ingresos extraordinarios usados para compensar gastos ordinarios (aquellos que no crean infraestructuras para el futuro) pero no ha supuesto ninguna mejora en eficiencia económica o social, sino todo lo contrario: los precios de los antiguos servicios públicos han crecido desproporcionadamente al tiempo que la reducción de empleos y sueldos. Ahora son comercializados por grandes empresas privadas en situación de monopolio y fijación de precios abusivamente no competitivos.

 

En cuanto al empleo, la ampliación del sector público español (recordemos que sólo ha llegado a la mitad del nórdico) ha supuesto la salida de la pobreza para millones de ciudadanos. Sin embargo, el neoliberalismo califica a todos los funcionarios de vagos pero evita legislar para el control laboral. Prefiere ajustar el sector, enviando a muchos de ellos a la precariedad laboral reinante y a la pobreza, de nuevo, es decir, prefiere que sean vagos a la fuerza. Así quedará una mayor parte de la riqueza para acumular en unas poquitas manos.

 

El Capitalismo se encuentra en fase agónica. Debemos concienciarnos de ello y romper con la creencia generalizada de que es infalible. En el Sur de Europa ya hemos descubierto que el futuro será de pobreza en función de nuestro endeudamiento. A nivel mundial también existen castas-país que están acaparando riqueza desde hace más de cien años. Esto explica la gran diferencia mundial con existencia de bolsas de riqueza y de pobreza al mismo tiempo, tanto a nivel mundial como local.

 

Una economía estable deberá estar basada en el bienestar de las personas sin destruir un medio ambiente que nos mantiene vivos y dónde no se contemple el crecimiento económico, la competencia y el egoísmo individual como valores supremos. Persistir en el mantenimiento de este sistema mentiroso sólo puede repercutir en una mayor pobreza futura, mayor cuanto mayor se persista en este sistema crediticio. Debemos volver los ojos hacia los principios de ese Socialismo tan denostado (con la lógica del enemigo) por la publicidad que la casta capitalista ha realizado a través de instituciones públicas (gobiernos) y privadas (medios de comunicación, fundaciones pseudocientíficas, premios, etc).

 

Dentro del Socialismo se encuentra el germen de la convivencia entre los seres humanos y con la Naturaleza. Un Socialismo para el siglo XXI con los valores humanos del siglo XXI. Todos debemos aportar nuestro grano de arena que debe ir en la dirección de descabalgar al bipartidismo que sustenta los privilegios de unos pocos en España. Debemos votar a aquellas formaciones que propugnan un cambio real en el sistema económico-político-social, nunca a nuevas siglas neocapitalistas.